Valencia inauguró la reforma de su plaza de toros en la Feria de Fallas de 1968

Al igual que hicimos el pasado fin de semana con la Feria de la Magdalena de Castellón, hemos querido recordar, mediante sendas efemérides, la Feria de Fallas de Valencia, coincidiendo precisamente con los días grandes de la fiesta.

La Feria de Fallas de Valencia del año 1968 celebró su primera corrida el 10 de marzo. En aquella histórica jornada, se inauguraron las obras de reforma de la plaza, que habían comenzado justo seis meses antes. El cartel ofrecía grandes atractivos para los aficionados de la ciudad del Turia, pues un torero de la tierra, Ricardo de Fabra, se disponía a tomar la alternativa de manos de Julio Aparicio y en presencia de Diego Puerta. Los toros reseñados para la ocasión, llevaron el hierro de Francisco Galache.

El coso lució sus mejores galas, adornado con tapices y banderas, presentando un formidable aspecto en cuanto a público se refiere, ya que los tendidos de sol estaban repletos de gente mientras que la sombra sí que tenía algunas localidades vacías, a causa fundamentalmente del frío reinante en Valencia.

El triunfador absoluto de la tarde fue Diego Puerta, que cortó las dos orejas y el rabo del primero de su lote. El diestro sevillano compuso una verdadera sinfonía de toreo ante el cornúpeta de Francisco Galache, que al igual que sucedió con otros animales lidiados ese día, no estaba sobrado de fuerza. Diego Puerta aprovechó al máximo sus virtudes, tales como la nobleza y el ritmo, para cuajar una faena con muletazos a media altura de mucho temple, armonía y naturalidad, que encandiló a los espectadores. La rúbrica con la espada fue fantástica, provocando con ello que el público reclamara con vehemencia para el torero los máximos trofeos. Diego Puerta los paseó en dos aclamadas vueltas al ruedo, en las que recibió el cariño del respetable. En el quinto, no tuvo opciones de redondear su actuación debido a las dificultades de su antagonista. No obstante, se mostró firme y decidido, logrando una labor meritoria. Con oficio y eficacia solventó la suerte suprema, siendo obligado por los aficionados a saludar desde el tercio.

Por su parte, Ricardo de Fabra, obtuvo un apéndice del toro de su alternativa, “Rondeño”, premiándose su estimable faena y no tanto el remate con el acero, puesto que el estoque cayó algo bajo al precipitarse el torero a la hora de entrar a matar. Frente al sexto, no se arrugó, pese a las complicaciones que sacó su enemigo, dejando algunos naturales y de pecho magníficos. Tras pasaportar al toro de pinchazo y media estocada, fue aplaudido por sus paisanos.

Julio Aparicio apenas pudo apuntar detalles de su toreo, sorteando unas reses con escasa bravura, que además desarrollaron peligro en el último tercio. Su balance fue de aplausos y silencio.

Por la mañana, autoridades civiles y militares, en compañía de varios representantes de la empresa Nueva Plaza de Toros de Madrid S. A., que entonces regía los destinos del recinto taurino valenciano, asistieron a la inauguración oficial de las instalaciones reformadas, celebrándose así mismo una misa de campaña en el centro del ruedo.

Foto: Teseo Comunicación

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