Perera y El Fandi puerta grande en El Puerto

El Puerto de Santa María (Cádiz), 5 de agosto de 2018. Segunda corrida del abono en la Real Plaza de Toros de El Puerto de Santa María. Volvía a presentar el coso Portuense un cartel rematado con toros de La Palmosilla de procedencia Osborne por la línea de don Joaquín Núñez del Cuvillo. Para los diestros David Fandila “El Fandi” de nazareno y oro (oreja y oreja), Sebastián Castella de rosa y oro (ovación con saludos y ovación con saludos) y Miguel Ángel Perera de gris perla y oro (dos orejas y silencio).

Han transcurrido casi las primeraseras veinticuatro horas desde la finalización de la corrida de ayer, veinticuatro horas en las que cada uno habrá reflexionado sobre todo lo acontecido sobre el albero Portuense. Hoy sobre el monumento que recuerda a Paquirri, UNO que dio su vida por esto, había veinticuatro energúmenos protestando voz en grito contra las corridas de toros. Veinticuatro rodeando el monumento a Paquirri, como las horas. Conclusiones. Ustedes mismos, nosotros mismos. Contra el pesimismo hoy en el albero, la variedad del gusto, la frescura de El Fandi, la parsimonia de Castella y el poderío de un Miguel Ángel Perera que el día anterior en Colombinas indultaba a uno de Torrealta toreando como sólo los portentosos saben hacerlo.

Recibía al primero de la tarde El Fandi, de larga cambiada a la altura del uno, para luego llevárselo a los medios de forma aseada, y es que sin dar un capotazo fue capaz de someter al animal y conseguir que el público le reconociese su labor en la brega, al quite estuvo lucido, no es un torero clásico y no es un toreo clásico lo que de él se espera, como es costumbre en el matador granadino, ejecutó la suerte del cuarteto de forma portentosa y vistosa. Con la muleta estuvo variado consiguiendo contactar con el público a base de recursos, el momento álgido de la faena se produjo en una serie de tres molinetes de rodillas. Ejecutó la suerte suprema con estocada trasera un poco atravesada. Oreja.
Ya con el segundo de su lote, lo recibía a la verónica para rematar la brega por chicuelinas, completando una labor muy vistosa, volvía a poner tres pares de banderillas, el granadino, llenos de poder y con la muleta comenzaba la faena de rodillas. Basó la labor con la franela en la fuerza y el poderío que tiene este portentoso torero y finalizó de rodillas y sin muleta a un palmo del toro para conseguir que los tendidos entrasen en la faena, completó una actuación repleta de recursos y desplantes muy toreros.

Con el segundo de la tarde comenzó Castella su labor con la muleta a base de doblones ganándole terrenos al animal. Se esmeró Castella en intentar dar algunos muletazos de profundidad, en una faena que no consiguió conectar con los tendidos. Ovación con saludos.
El quinto de la tarde derribó al varilarguero José Doblado en las dos ocasiones que entró al caballo, lo que hizo que el público conectase con prontitud con los que sucedía en el ruedo, tras ello realizaba Castella un quite por ajustadas chicuelinas.
Brindaba al público la faena antes de comenzar a citar al toro en los medios por estatuarios, poco más pudo hacer el espada, al ser el animal un toro incómodo y de poca transmisión. La faena fue más a menos, en paralelo a la aptitud del astado. Estocada trasera. Bronca al toro en el arrastre. Oreja

Con el tercero de la tarde le llegó el turno a Miguel Ángel Perera, y con él llegó el toreo caro y clásico con el capote, sometiendo al animal seis verónicas elegantes, ceñidas y manos muy baja, para luego realizar un quite por chicuelinas ajustadas y repletas de gusto. En el cuarteo se desmonteró Javier Ambel tras dos portentosos pares de banderillas que pusieron literalmente a los tendidos en pie. Si con el capote hizo gala el extremeño de un toreo caro, la labor con la muleta fue de muchos quilates, pero muchos de verdad. Toreró Perera con mucha clase, sobrado poder y sometiendo al animal por bajo, tapó las deficiencias de un animal que al verse podido, comenzó a buscar las tablas; nada de ello impidió a Miguel Ángel Perera desarrollar una faena repleta de gusto hilando tandas con muletazos de enorme sabor y torería. Supo dar el tiempo suficiente al astado para que llegase, justo pero llegase, hasta el final de la faena que él había planificado. Pasaportó de estocada completa, Dos orejas.
Con el cierraplaza, destacó con el capote una series de saltilleras muy toreras y ajustadas. Tuvo  pocas opciones Miguel Ángel Perera que lo intentó ante el deslucido sexto, un toro que protestaba las embestidas y que se rajó en la primera oportunidad echándose en las tablas e impidiendo que el matador ejecutase la suerte suprema. Fue apuntillado en la puerta de toriles. Silencio.

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