Manuel Escribano, Rubén Pinar y Victorino Martín salen por la puerta grande en Daimiel

Plaza de toros de Daimiel (Ciudad Real). Corrida de toros. Más de media entrada.

Se lidiaron seis toros de Victorino Martín, de desigual presentación. Primero con buen pitón izquierdo. Segundo extraordinario, de nombre “Diligente”, número 107, premiado con la vuelta al ruedo. Tercero manejable. Cuarto complicado. Buenos quinto y sexto.

Manuel Escribano: oreja y oreja.

Rubén Pinar: dos orejas en ambos.

Román: ovación con saludos y silencio con aviso.

Escribano y Pinar salieron a hombros junto al ganadero.

Despertó expectación la corrida de Victorino en Daimiel, una plaza en la que, este año, el torismo – simplificando- recobró importancia.

El primero estaba vareado pero lucía dos leznas importantes. Después de dos puyazos y un tercio de banderillas desigual, protagonizado, como es costumbre, por el propio matador, el de Victorino llegó a la muleta con uno y uno, es decir, un pitón bueno y otro no tanto. El izquierdo fue el aprovechable, y por ahí hubo tres naturales en los que dio el pecho y lo llevó largo y templado hasta el final, y en los que la gente reaccionó. El resto no tuvo demasiada historia. Dejó media arriba y el toro cayó, al igual que lo hizo una oreja.

El cuarto presentó complicaciones. Se venía pero no se iba y buscaba los tobillos. Escribano estuvo bastante tiempo delante de él en una faena de cantidad sin brillantez, con el mérito de librarse de la voltereta. Lo cazó a la primera y recibió una oreja en premio a su perseverancia.

El segundo bajó en presentación respecto al primero. Pero fue solo en eso, en presentación, porque el de Victorino, de nombre “Diligente”, embistió encastado por los dos pitones haciendo surcos en la arena en un viaje humillado, uniforme y entregado. Y Rubén Pinar le dio fiesta, de manera templada y hasta estética, a su manera, claro. No fue una faena larga, apenas seis tandas, y después de dejar una estocada entera desprendida, a sus manos fueron las dos orejas. Antes el toro fue premiado justamente con la vuelta al ruedo.

La suerte persiguió al torero de Albacete con el quinto, otro buen toro de Victorino al que se le dio demasiada capa. No obstante conservó la buena condición apuntada en los dos primeros tercios. Pinar anduvo más templado y acoplado con la embestida manejando la muleta con la derecha, y menos sutil al natural. Lo llevó con suave firmeza en línea recta y lo finiquitó de entera desprendida repitiendo doble premio.

El tercero se dejó, y mucho. No tuvo la enorme clase del segundo – esa es tarea difícil – pero metió la cara con calidad por el derecho y aceptablemente por el izquierdo. Román le pegó algunos de correcta factura sin más, y otros no tanto, dejando la impresión de no haberse entendido con su oponente, que pedía más sutileza en el trazo de los muletazos. Lo mató al tercer intento.

Román pudo desquitarse parcialmente de su poco acertada actuación en el tercero en el buen sexto, al que cuajó al natural con ajuste y acople. Hubo tandas de armónico trazo largo. Sin embargo falló estrepitosamente a espadas y se fue de vacío de Daimiel mientras sus compañeros y el ganadero salían a hombros en éxito.

Crónica: Agencia EFE

Fotos: Tauroemoción

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