Juan García “Mondeño” tomó la alternativa un Domingo de Resurrección de hace 62 años en Sevilla

El inicio de la temporada de 1959 en Sevilla anunciaba la alternativa de un torero nacido en Puerto Real que había llamado la atención de los aficionados en su etapa novilleril, Juan García “Mondeño”.

Los tendidos de la Maestranza estaban repletos de espectadores, llegados en un número considerable desde tierras gaditanas. Para la ocasión, se dispuso un encierro de Raimunda Moreno de Guerra, cuyos ejemplares lucieron buena presentación pero que brindaron contadas embestidas a los espadas acartelados: Antonio Ordóñez, Manolo Vázquez y Juan García “Mondeño”, manseando varios de ellos en el último tercio.

El toro de nota más alta de la tarde saltó al ruedo en sexto lugar, y atendía por “Bandido”. Frente a él se plantó firme y decidido Mondeño, que de salida se estiró con buen aire con el capote. Posteriormente, en el turno de quites, el diestro gaditano, que vestía de blanco y oro, brilló de forma especial al ejecutar uno de frente por detrás. Muleta en mano firmó una faena de absoluto dominio y temple, destacando su toreo por naturales. Pese a hacer uso del descabello para rematar a su antagonista, se le premió con una oreja. El cornúpeta con el que Antonio Ordóñez le otorgó la alternativa a Mondeño llevaba por nombre “Cañamazo”, y era negro bragado de capa. El torero de Puerto Real lo saludó con el percal de manera vibrante, apagándose el de Raimunda Moreno de Guerra tras el duro castigo en varas. El animal, que tenía buena condición, permitió a Mondeño exhibir su magnífico concepto del toreo en el trasteo con la franela, si bien exigió aguante y determinación para lograr el triunfo. Cuando lo tenía en la mano, se le escapó con los aceros.

El otro apéndice de la tarde lo paseó Manolo Vázquez del primero de su lote, “Rincón”. En su labor aunó el arte y el gusto en el manejo de los trastos con el valor y el pundonor a la hora de exponerle a su enemigo. El diestro sevillano culminó su obra con un espadazo de efecto rápido, que fue el pasaporte a la concesión del citado trofeo. El quinto de la función, “Palmero”, apenas dejó a Manolo Vázquez instrumentar un par de verónicas de salida y un garboso quite por chicuelinas, ya que después se vino totalmente abajo. Aún así, el matador hispalense porfió en la faena de muleta, tratando y consiguiendo, a base de conocimiento y buena colocación, extraerle varias tandas de enorme mérito. Saludó la ovación del respetable después de finiquitar a la res de pinchazo y estocada.

Los dos toros que sorteó Antonio Ordóñez no le dieron opción más que de cuajarlos con el capote espléndidamente, pues después ambos se mostraron reservones y a la defensiva, debido en parte a los fuertes puyazos recetados por los piqueros.

Imagen: Tendido Cero – TVE

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