Infumable mansada de Prieto de la Cal en Tafalla

Los jaboneros del hierro heredero del Duque  de Veragua se convirtieron en los tristes protagonistas de la segunda corrida de la Feria Torista de Navarra.

Cuando no hay, no se puede y además es imposible. Esa es la mejor forma de resumir la corrida de toros que ha tenido lugar hoy en Tafalla, los toros de don Tomás Prieto de la Cal se erigieron en el estandarte de la antitauromaquia moderna, haciendo imposible la faena de muleta. Se mostraron mansos, reservones y de poca condición.

Poco más se puede destacar de la segunda corrida del abono tafallés, Joselillo que abría el cartel, se mostró con ganas de revalidar su triunfo del pasado año con el mismo hierro, pero pronto se daría cuenta que este año iba a ser imposible, se mostró firme el vallisoletano construyendo una faena por el pitón izquierdo repleta de naturalidad, desarrollando esa tauromaquia clásica de la que ya quedan pocos exponentes y que él es uno de los grandes valedores, con las manoletinas siempre apuntando hacia el toro a pesar de que el de veragua salía siempre con la cabeza muy por encima del estaquillador, (por no decir por encima del torero). Tras pinchazo en el sitio, mató de estocada completa. Saludó una ovación.

Sin opciones se mostró el segundo de la tarde un animal que Joselillo, esperanzado en que sacase la casta necesaria, dejó entrar al caballo hasta en tres ocasiones para lucir el tercio. En banderillas se desmonteraron Tornay y Venturita. Ya en la muleta el animal sacó su peor condición, parándose desde los inicios e impidiendo el lucimiento de la faena. Por complicado lo puso imposible este número 14 de Prieto de la Cal hasta para la suerte suprema. Silencio.

Un poco más de lo mismo fue con lo que se encontró Fernando Adrián. El segundo de la tarde, un ejemplar de Rosa Rodrigues que remendaba la corrida y que pareció contagiarse de la condición de los de Prieto de la Cal en los corrales, tuvo pocas opciones el diestro en sus dos ejemplares viendo silenciada su labor en ambas ocasiones.

A Javier Antón “le tocó bailar, en el cierra plaza, con la menos fea”, un ejemplar que a pesar de no estar sobrado de casta ni nobleza al menos pasaba, pero se notó la falta de rodaje del de Murchante que no llegó ni a exigir a su oponente ni tampoco llegó a acoplarse en la faena, abreviando. Fue silenciado en sus dos toros.

Foto: Eder Sanz

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