Diego Ventura, un ciclón en Juriquilla

Otra vez la expectación por las nubes. Otra vez un ambiente excepcional que obliga, incluso, a retrasar en media hora el comienzo de la corrida para esperar que el público se acomode en sus localidades. Otra vez el cartel de boletos agotados colgado en la taquilla. Y, en definitiva, otra vez México entregado a la pasión por disfrutar de Diego Ventura al comienzo de su intenso mes de febrero. Precioso el ambiente en la plaza, donde no cabía ni un alma más. Maravilloso el sentir de acontecimiento entre la gente.

Y ante una respuesta así, Diego Ventura sólo podía corresponder como le es propio: con la entrega máxima de todo cuanto le define. El magisterio, la capacidad, la raza, la ambición, la genialidad y un sentido total del espectáculo que a nadie deja indiferente.

Por encima de lo complicado de un lote que no le puso las cosas sencillas, marcando él el tiempo de cuanto quería que pasara para que finalmente pasara. Así sucedió, sobre todo, frente al segundo toro de su lote de Fernando de la Mora. Un astado que no regaló nada, que midió, que esperó y que puso a prueba siempre la cabeza y el corazón del torero que tenía delante. Ya de salida, con Bombón, comprobó Diego que se iba a tener que fajar de lo lindo para imponerse al burel. Cosa que hizo, como de costumbre, en un soberbio tercio de banderillas que reunió por igual la necesaria lidia que fuera el armazón sobre el que cimentar su poder y su dominio, y que revistió luego de esa especial virtud que le alumbra para conectar con la gente a base de darlo todo y de darlo a tamaño nivel. Compuso Ventura el tercio de banderillas desde el valor innato de Oro para adentrarse y dominar los terrenos más ásperos y comprometidos, pero los terrenos también donde se había de librar la pelea con el toro dado su carácter reservón. Abierto el camino, lo terminó de hacer suyo con Gitano, impactante y sorprendente por su forma tan limpia y exacta de hacer esa suerte de clavar al violín después de batir muy al pitón contrario en quiebros que son radiografías completas que los toros hacen al pecho del caballo. Inmenso su corazón en un cuerpo tan diminuto. El corolario de la vibración lo alcanzó el jinete al torear con Dólar, con el que se la jugó también llegando mucho a cuanto el toro le esperaba para ejecutar el par a dos manos sin cabezada. Viajó certero el rejón de muerte con Prestigio y se alzó el torero con las dos orejas que le abren una nueva puerta grande de México. Esta vez, de una entregada Juriquilla, que veía así recompensadas su expectación y sus expectativas.

Contó con escasas opciones de lucirse Diego Ventura en su primera faena por mor de lo deslucido de su oponente, también de Fernando de la Mora, al que hubo de plantear una labor de lidia con Bronce poniendo, justamente eso, la lidia en los terrenos más comprometidos de la máxima cercanía, y con Gitano luego sumando el plus de la espectacularidad para enganchar con el tendido al clavar otra vez banderillas al violín y al quiebro. Pinchó con Toronjo al matar y su premio se quedó en fuertes aplausos.

Juriquilla

Aplausos y dos orejas

Fernando de la Mora

Prensa Diego Ventura

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