36 Años del apoteósico triunfo del Niño de la Capea en la Monumental de México con el toro “Manchadito”

El 17 de febrero de 1985 tuvo lugar uno de los hitos más destacados en la historia de la Plaza México. Los toros de Javier Garfias que saltaron al ruedo, en lidia ordinaria, aquella jornada dieron escasas opciones de lucimiento a los matadores: Manolo Arruza, Ricardo Sánchez y El Niño de la Capea.

Por esa razón, Pedro Gutiérrez Moya decidió solicitar el sobrero de regalo. que llevaba por nombre “Manchadito”. De salida, en el recibo capotero, ya le permitió al diestro salmantino enjaretarle un ramillete de templadas verónicas. Las aclamaciones al Niño de la Capea continuaron tras ejecutar un extraordinario quite por chicuelinas, en el que llevó muy toreado al astado de Javier Garfias. El delirio del público era tal, ya en ese momento, que le pidió al torero que diera la vuelta al ruedo al rematar con mucho gusto y garbo el citado quite. Con la muleta, cuajó una faena para el recuerdo, fundamentada sobre la mano derecha y que terminó por enloquecer a los tendidos del Coso de Insurgentes. Una sinfonía de toreo, de completa armonía en la composición, brotó de la tela roja que manejaba el espada de Salamanca. El colofón perfecto a obra tan sublime fue un estoconazo en la suerte de recibir. El respetable demandó con vehemencia, agitando los pañuelos y con gritos de ¡ Torero, Torero!, los máximos trofeos para Pedro Gutiérrez Moya, que, por supuesto, le fueron concedidos por el palco presidencial. Por tres veces tuvo que recorrer el anillo El Niño de la Capea ante la insistencia de los aficionados, que vivieron con verdadera pasión el suceso.

Gracias a actuaciones como esa, y a otras que llegarían después, se ganó el matador salmantino el título de consentido del público mexicano, manteniendo durante toda su carrera un gran cartel por todas las plazas del país.

Foto: Prensa Movistar Plus

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